Ya nos empezamos a recuperar del shock del concierto de Madrid en Joy Eslava. A mí (Ignacio) me ha costado un día de fiebre. Real, no metafórica. Creía que con tanto tute estaría bajo de defensas, que si el cambio de tiempo... Pero pensándolo ahora, cada vez cobra más fuerza la idea de que un concierto al lado de los Makovskis no puede dejar tu cuerpo indiferente. No sé qué les habra pasado al resto de Havalinos, a mí me dio fiebre.
Todavía no alcanzo a poner palabras a lo que sucedió al comenzar el concierto. Salío Maika con su guitarra y su voz como únicas armas y... En fin, buscad en YouTube, y os podréis hacer una idea de lo que hablo. Pero ni aún así se acercará a lo que vivimos en la sala. Después, subió el telón, y del resto no tengo más que recuerdos inconexos, sensaciones difusas. Mientras les veía tocar, tenía sentimientos enfrentados. Por un lado ardía en deseos de subir al escenario y formar parte de ello, pero por otro no quería que llegara el momento, quería que siguieran tocando siempre. Elegantes, sensuales, peligrosos. Son serpientes, sin duda.
Pero el tiempo no perdona, y el momento llegó. Unimos nuestras fuerzas a las suyas, y a partir de ahí fue todo como un tornado. Terminó el concierto y no era consciente de lo que había pasado, fue una de esas veces en que tu cuerpo decide por ti, apaga tu mente, desactiva tu control, y camina libre. No lo recuerdo claramente, pero sé que estuvo bien. Muy bien.
El sábado 18 de diciembre repetimos en Barcelona, en Apolo, y estoy inquieto, impaciente, nervioso, ansioso. Esto no sucede muchas veces, tener la oportunidad de hacer música con otros y que todo sea tan intenso, tan estimulante. No puedo esperar a que vuelva a llegar el momento.
Apolo, allá vamos.
Todavía no alcanzo a poner palabras a lo que sucedió al comenzar el concierto. Salío Maika con su guitarra y su voz como únicas armas y... En fin, buscad en YouTube, y os podréis hacer una idea de lo que hablo. Pero ni aún así se acercará a lo que vivimos en la sala. Después, subió el telón, y del resto no tengo más que recuerdos inconexos, sensaciones difusas. Mientras les veía tocar, tenía sentimientos enfrentados. Por un lado ardía en deseos de subir al escenario y formar parte de ello, pero por otro no quería que llegara el momento, quería que siguieran tocando siempre. Elegantes, sensuales, peligrosos. Son serpientes, sin duda.
Pero el tiempo no perdona, y el momento llegó. Unimos nuestras fuerzas a las suyas, y a partir de ahí fue todo como un tornado. Terminó el concierto y no era consciente de lo que había pasado, fue una de esas veces en que tu cuerpo decide por ti, apaga tu mente, desactiva tu control, y camina libre. No lo recuerdo claramente, pero sé que estuvo bien. Muy bien.
El sábado 18 de diciembre repetimos en Barcelona, en Apolo, y estoy inquieto, impaciente, nervioso, ansioso. Esto no sucede muchas veces, tener la oportunidad de hacer música con otros y que todo sea tan intenso, tan estimulante. No puedo esperar a que vuelva a llegar el momento.
Apolo, allá vamos.








